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Falacias del neofeudalismo: separatistas y separadores

Juan Antonio Aguilar

Decía Marx que la historia siempre se repite, pero como parodia. Y la mayor parodia del feudalismo medieval es el actual neofeudalismo de las "nacionalidades", "pueblos" y demás figuras del imaginario nacionalista separatista. Uno de los argumentos más perniciosos que diferentes secesionistas, regionalistas, nacionalistas y muchos identitarios han esgrimido de forma abusiva, es aquel que intenta poner en la misma balanza las actitudes separatistas y las "separadoras".

Resumiendo, el argumento viene a decir: "Ciertamente, el separatismo es pernicioso. Pero tanto como él, si no más, es la actitud de los separadores". ¿Quiénes son los separadores? Según los que sostienen esta tesis, serían aquellos que nunca han comprendido ni aceptado la identidad cultural de los distintos pueblos de la península, por su centralismo y uniformismo, buscando la asfixia de las diferencias identitarias y alimentando, de esta forma, a los separatistas, al arrojar hacia estas posturas extremistas a todos aquellos que se ven incomprendidos en su diferencia.

El argumento dentro de un análisis plano parece razonable. Pero realmente esconde una falsedad. Falsedad que se hace evidente cuando el análisis se inserta –como debe hacerse con los análisis sociopolíticos- en el marco histórico en el que se produce y en toda su dimensionalidad.

 

Brevemente:

1. La tesis de los "separatistas y separadores" es en el fondo una completa falacia, un razonamiento mal construido, conocido como "Falacia de la pendiente rebaladiza" mezclada con la "Falacia del tu quoque".
2. Por la primera, se pretende que no existen diferencias cualitativas o cuantitativas –en el marco históricamente determinado- entre la actitud de los separatistas y la de los separadores. Sin embargo, la realidad que observamos nos dice lo contrario: los "separadores" se limitan a sectores ultraminoritarios sin representatividad social o política, más bien marginales y sin poder de actuación (por ejemplo, muchos grupúsculos ultras que actúan de anticatalanes o antivascos). Por el contrario, los separatistas actúan sobre una base social y política que ha alcanzado una sobrerepresentación, con gran poder político, mediático, social y económico. Mientras los primeros no tienen capacidad alguna de imponer mínimamente sus posiciones, los segundos –los separatistas- están alcanzando una intensidad de agresión contra el Estado y contra la Nación española con gran potencial desestabilizador y con acciones violentas y coercitivas de las libertades y derechos de TODOS. En consecuencia, aceptar que se coloquen en el mismo plano a "separatistas y separadores" es un engaño manifiesto que sólo puede favorecer, lógicamente, al que más poder tiene: a los separatistas.

3. Por la segunda, tenemos una actitud defensiva de los separatistas que, a falta de mejores argumentos, pretenden acusar a los demás de sus mismas actitudes reprochables. Sin embargo, la realidad nos enseña que: mientras los "separadores" no pintan nada, ni tienen eco social o político, y se limitan al comentario borde en el bar, en algún medio marginal o haciendo algún graffiti, los "separatistas" revientan actos, cometen agresiones, amenazan, legislan, recortan derechos y libertades, dominan medios de comunicación de gran alcance, tienen infraestructuras políticas y económicas potentes (basta repasar las subvenciones públicas que reciben), etc. Cuando el separatista afirma que "él también es víctima se los separadores" nos está tomando el pelo intentando, falazmente, hacernos sentir culpables a todos los demás de las "agresiones" que ellos reciben, cuando con un mínimo de honradez intelectual, es evidente que una y otra situación son incomparables.


Espero que esta breve reflexión sirva para no caer en la trampa saducea de los que de "buen rollo" parecen tener una posición equilibrada, equidistante, racional, entre "separatistas y separadores".
No existe tal equilibrio y equidistancia. Es una engañifa basada en argumentaciones ridículas, cuando no con intenciones ocultas. El "separador" es un subproducto del pasado, marginal, sin recorrido posible, casi una anécdota en la sociedad que vivimos y con la misma capacidad de actuar que la de un vulgar gamberro. El "separatista" es un producto de una ideología ultrareaccionaria, neofeudalista, con un gran poder de actuación y con un único objetivo: dar marcha atrás al reloj de la Historia, volver a los reinos feudales como única forma de autoafirmación y destruir, en consecuencia, los resultados de cientos de años de historia común y de su más alto logro, la existencia de un Estado en el que todos nos reconocemos iguales en derechos y deberes, y con personalidad propia en el mundo frente a la avalancha –está sí muy actual- de la ideología mundialista del capital.
Ni una concesión más a los neofeudalistas.
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