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EL ENGAÑO DEL "CHOQUE DE CIVILIZACIONES" Y DE LA "GUERRA CONTRA EL ISLAM"
Hashim Bustani

La retórica sobre un "choque de civilizaciones" y una "guerra con el Islam" se ha difundido fácilmente en el discurso intelectual árabe*, donde ha arraigado firmemente junto a otros "conceptos" similares (que prefiero calificar de "no-conceptos" –como el término "terro-rismo"– puesto que son extremadamente vagos y, a pesar de ello, tienen carga ideológica), unos "no-conceptos" que fueron fabri-cados en centros imperialistas. ­­­­­­­­Así pues es extremadamente importante preguntar: ¿Constituye un tópico independiente el "choque de civilizaciones", o es un término de camuflaje para una lucha que, en realidad, encarna algo diferente?­­­­

[*en el árabe y -añadimos nosotros- en Europa]

 

(I) ¿Choques continuos? ¿O fin de la historia?

Después del colapso del bloque socialista y del fin de la Guerra Fría, alcanzaron cierta prominencia dos teóricos con proclamas sobre la "tendencia" del momento. El primero de ellos fue Francis Fukuyama, quien habló del «Fin de la historia»: la victoria final y total del capitalismo como el sistema socioeconómico decisivo para la humanidad. El capi­ta­lismo de Fukuyama re­pre­sentaba la resolución de todos los con­flictos, la disolución pos­trema del materialismo dia­léctico y su mala­famada ley de unidad y contradicción de opuestos.

El segundo teórico, contrario a Fukuyama, no percibió el fin de la historia como fruto de la su­puesta victoria del capitalismo. Samuel Hun­tington formuló el con­cepto del «choque de civili­zaciones» al ver una cris­talización de otro conflicto: el conflicto de la civilización judeo-cris­tiana con civilizaciones orientales, como un nodo emergente (Islam, bu­dismo, etc.). En este sentido, la historia sigue abierta, y el ca­pi­talismo sigue siendo turbulento, lejos todavía de lograr estabi­lidad.

 Es obvio que ambos conceptos son contradictorios.

 

(II) Fukuyama: El fracaso del idealismo

Fukuyama expresó una ideología idealista liberal metafísica inspirada por los «valores, insti­tuciones, democracia, derechos individuales, el esta­do de dere­cho y la prosperidad basados en la libertad econó­mi­ca»[1] del modelo de Estado de bienestar capitalista, en el que están pre­­sen­tes como amortiguadores sociales la seguridad social, la aten­ción sanitaria, la educación y de­re­chos la­borales razonables pa­tro­ci­nados por el Estado. Se presumía que este modelo dura­ría y suminis­tra­ría satisfacción para la humanidad.

El idealismo de Fukuyama no le ayudó a identificar el hecho que el propósito principal del capitalismo es aumentar las ganancias, haciendo caso omiso de cualquier otra consideración. El Estado de bienestar, tal como es estructurado por el sistema capitalista, fue sólo un precio que este sistema se vio obligado a pagar para prevenir la «amenaza co­mu­nista», que era un modelo que prometía más justicia social, más igual­­dad, y más distribución de la riqueza entre la gente. Por ello, el ca­pi­ta­lismo tuvo que «invertir» una parte de sus beneficios para detener el con­tagio de un modelo que pro­metía más justicia social. El Estado de bienestar era más “barato” que enfrentar la agitación laboral, y posi­bles re­voluciones, dentro de los Estados capitalistas.

Según la simple ley de causa y efecto, una vez que ha terminado la causa (en este caso el blo­que socialista), el capitalismo dejará de fi­nan­ciar el Estado de bienestar. Tam­bién abando­nará el Estado basa­do en el derecho, y tendrá lugar una acelerada trans­formación del modelo liberal al modelo neoliberal. Es la trans­formación objetiva que Fuku­yama no vio: el Estado capi­talista des­cartando sus contribuciones a la atención sanitaria, a la educación (por ejemplo: la pro­po­sición de en­miendas constitucionales en Grecia para permitir universidades del sec­tor pri­vado, pro­vo­cando así manifestaciones estudiantiles a co­mien­zos de 2007) [2], y a los derechos la­bo­rales (por ejemplo: la modifi­cación de leyes laborales en Francia provocando manifesta­ciones a co­mien­zos de 2006, la modificación del sistema de pensiones en Fran­cia, pro­vocando amplias huel­gas), aparte de desplumar a los tra­ba­ja­dores en los Estados capitalistas mediante el trabajo del Sur – un doble bene­ficio para el capitalismo: (a) reduciendo los salarios y (b) re­for­­mulando la lucha como una lucha de trabajadores contra tra­ba­jadores, los tra­ba­jadores del Norte contra los del Sur ¡En lugar de todos contra el capita­lismo! –

Finalmente, la única superpotencia que quedó, tuvo que invadir el mundo por tres razones prin­cipales:

1. - Para obtener el control directo sobre los recursos del globo y empla­za­mientos geopolíticos estratégicos para impedir que otros rivales en ascenso (China, Europa) amenazaran su situación.

2. - Para llenar las brechas dejadas por la anterior superpotencia (ahora eliminada) [3].

3. - Para eliminar toda resistencia activa o prevista contra este proyecto de hegemonía global.

Fue el golpe final para las ilusiones de eterna estabilidad de Fukuyama. Hay quien, sorpren­dido, pregunta: «¿Cómo demonios llegó el mundo "civilizado" a esta situación?» Pero el "mundo civilizado" no llegó a esta situación; ésta ya estaba empotrada en la estruc­tura orgánica del capi­talismo, esperando el momento histórico propicio para salir a la superficie.

Fukuyama interpretó mal la evidencia: la historia no terminó, ni terminaron los con­flic­tos, y no se logró la estabilidad bajo el capitalismo con su ideología neoliberal. Por lo tanto, Fukuyama se vio, finalmente, obligado a admitir el fracaso de su tesis y a declarar su oposición al pro­yecto de los neoconservadores.

 

(III) El materialismo metafísico de Huntington

Huntington tuvo una base más materialista de discusión, comprendió que los conflictos dentro de la historia siguen abiertos, pero, como Fu­ku­yama, es meta­físico, y plantea un doble dis­cur­so de engaño y jus­ti­ficación al definir la razón de conflictos como si fue­ran características inhe­rentes de las civilizaciones.

La ideología ambivalente de Huntington constituye la plataforma ideal para la propa­ganda interna y externa del capitalismo:

- Internamente, al conceptualizar que la agre­sión imperialista contra otros, es esencial y nece­saria para la preservación exis­tencial de la civilización judeo-cristiana amenazada por los salvajes;

- Y, externa­mente, al deformar la lucha por los recursos y la geo­po­lítica (una lucha ma­te­rialista) como si fuera otra distinta, basada en re­ligiones y civiliza­ciones (una lucha metafísica).

 ¿Cómo podemos entender mejor el doble engaño de Huntington?

 

(IV) El engaño interno

La tesis del choque de civilizaciones describe un peligro inminente que amenaza a la gente del Norte. Este peligro debe ser enfrentado y eliminado de raíz, en su sitio, antes de que tal peligro se expanda y "nos" alcance. Ese peligro no tiene que ver con detalles al margen; al con­trario, es total, se extiende sobre todos los aspectos de la vida tal como la conocemos. Es un peligro para la propia civilización, en su esen­cia. Por ello, la batalla en su contra es de vida o muerte, es una batalla entre la vida y la muerte. De esta manera, el "Imperio del Mal" (la clásica acuñación de Reagan en la Guerra Fría) es re­pro­du­cido de un modo más abstracto. Es el enemigo ideal del capita­lismo neoliberal: fantasmal, imposible de ser capturado, destruido, o definido con pre­ci­sión y, por lo tanto, altamente maleable.

Además, el contenido racista de la teoría de Huntington (que toca una profunda cuerda sub­consciente que resuena en las poblaciones «blan­cas» del Norte) no debe ser subestimado, ya que posiciona a los "blan­cos civilizados" (esta­dou­nidenses y europeos) frente a los "sal­vajes de color" –árabes, africanos, chinos y pueblos del Sudeste Asiá­tico–. El discurso racista emana del re­ciente pasado colonialista del capitalismo, y de las democracias racistas helénicas mucho más dis­tantes, donde tienen muchas raíces las actuales "democracias" del Norte. Esta cuer­da racista sigue "activa" y se expresa en formas si­len­ciosas: las mani­fes­taciones anteriormente men­cio­nadas de 2006 contra las leyes labo­rales en Francia atrajeron un inmenso apoyo en la escena pro­gresista en Europa, mientras que las protestas en los su­burbios que afectaron a Francia me­ses antes (el otoño de 2005) no atrajeron un apoyo se­me­jante. ¿Por qué? Las mani­fes­ta­cio­nes por la ley laboral eran "blan­cas" mientras que las protestas en los suburbios fueron "de color".

 

(V) El engaño exterior

Desorientar a la gente bajo ataque es otro aspecto importante del «choque de civilizaciones» de Huntington al redefinir la naturaleza del choque: de ser un ataque por el control de mercados, recursos, mano de obra y recursos baratos, a ser una "cruzada", una guerra religiosa, una gue­rra contra el Islam, una guerra de "civilizaciones" – de ser un acto materialista a ser una expre­sión metafísica –.

A fines de 2001, después de los ataques del 11-S, en un artículo publicado en Newsweek, Hun­tington formuló un sorprendente título para el nuevo milenio: «La era de las guerras musul­manas»[4], mientras que Fukuyama, escribiendo en la misma edición, y en la misma dirección, com­puso un artículo intitulado «Los nuevos fascistas de hoy»[5], una frase que recordó el presidente George W Bush en 2006.

¡Vale la pena señalar la imposibilidad real de distinguir entre lo que se relaciona con "civi­li­zación" y lo que se relaciona con "religión" en el in­telecto árabe dominante y en el discurso de Huntington!. Como gente oprimida, muchos su­cumbieron a este juego y adoptaron el mismo dis­cur­so propagandístico mer­ca­deado por los neoli­berales. Son muchos, en los mundos árabe y musul­mán (intelectuales y gente de a pie) los que señalan que «hay una guerra contra el Islam», exactamente como dice Huntington. Corrientes del Islam político se han encariñado con esta tesis porque lle­va a más gente a simpatizar con ellos por estar bajo ataque. Las pala­bras de George W. Bush, so­bre sus cruzadas en Iraq y sus frecuentes encuentros con Dios, se clavaron más en la memo­ria que los actos reales: el robo del petróleo iraquí, los proyectos de in­fraes­tructura de los que se apoderaron los monstruos corporativos (como Bechtel), y la defensa acorazada que EE.UU. dio al Ministerio del Petróleo iraquí... mien­tras abandonaba todo el país al saqueo (con todas sus ad­mi­nistraciones, universidades y museos). Todo esto último pierde "sen­tido" en el contexto de la guerra contra el Islam de Bush.

Es, de lejos, demasiado simple probar que los neoliberales de EE.UU. nunca llegaron como mi­sio­neros cristianos, no llegaron como profetas de la modernidad (tanto Huntington como Fuku­yama presentan al Islam como si estuviera en contradicción con la modernidad). Los masivos ejércitos que penetraron en Iraq no fueron seguidos por misioneros del cristianismo ni de la modernidad. Fueron seguidos por hombres de ne­gocios corporativos. Las acciones de EE.UU. prueban las mentiras de su propaganda: asesinatos, destrucción, tortura, y violaciones prue­ban la mentira de la libertad, la democracia, y los derechos humanos; mien­tras que el apo­yo al sec­ta­rismo y al etnicismo prueba la mentira de la modernidad.

La falsificación de la lucha, y el engaño de los oprimidos al hacerlos adoptar la propaganda neoliberal como si fuera una verdadera es­tra­tegia, resultará en la generación de mecanismos de resistencias in­ca­paces de lograr la victoria contra la agresión porque, por una parte, lucharán contra una ilusión –un fantasma propagandístico que distrae la atención de la base objetiva de la lucha– y por la otra, contribuirán al reforzamiento del imperialismo y de su propaganda al adoptarla a la inversa: las dos contradicciones están presentes en la unidad objetiva y en la lucha ilusoria.

 

(VI) ¿Es el Islam un objetivo del imperialismo?

El Islam no es un objetivo por sí solo. Los verdaderos objetivos son recursos, mercados, la ri­que­za, y emplazamientos importantes desde una perspectiva geo­política. Cualesquiera obstá­culos se encontraban en el camino para lograr esos objetivos, tenían que ser aplastados. El Par­tido Comunista de las Filipinas, las FARC en Colombia, los actuales gobiernos de Cuba, Vene­zuela y Bolivia, son todos no-musulmanes, pero son atacados ferozmente por el imperialismo de EE.UU. porque constituyen obstáculos en el camino a la dominación de recursos, mer­cados, y ri­queza.

El manejo imperialista de cada obstáculo está regido por numerosas con­di­ciones relacionadas con el tamaño de la riqueza, el mercado y los recursos en cuestión, el contexto geopolítico, y con la magnitud de la re­sistencia existente o esperada. La presencia de inmensas reservas de pe­tróleo y gas, su «posición estratégica sin igual», y la presencia de centros potenciales que podrían libe­rar­se de la dominación global de EE.UU. y abarcar centros relativamente in­de­pen­dien­tes (el Egip­to de Nasser, el Iraq de Sadam, Irán después de la revolu­ción), estos hechos – todos estos hechos – hicie­ron que, desde el oriente árabe hasta Asia Central, formaran el "arco de crisis" favorito (¡O "la media luna de crisis" si se quiere darle una dimensión religiosa!) y el campo principal de operaciones... ¡Que la mayor parte de los habitantes de esa región sean musulmanes no sig­nifica que exista un genuino origen religioso en la intervención!

Otro punto: África, todo un continente, sigue siendo explotado por su riqueza en petróleo, dia­man­tes, y otros recursos; su gente es ase­si­nada a diario por cientos de miles por la guerra "civil", el hambre, el SIDA, la malaria, y la intervención militar directa, atrocidades que son mu­chos mayores en cantidad que lo que ocurre contra árabes y mu­sulmanes. Pero ya que tienen el privilegio de estar totalmente au­sen­tes de los medios noticiosos ¡No existen! ¿Constituye el ejem­plo afri­cano una guerra contra el Islam? África es un ejemplo evidente de que las guerras re­ligiosas no son más que cuentos de hadas.

Un tercer punto: el imperialismo no tiene problemas con el Islam. Hasta Huntington lo dice: «La era de las "guerras musulmanas" tienes sus raíces en causas más generales. Estas no in­clu­yen la naturaleza in­herente de la doctrina y de las creencias islámicas, que, como las del cris­tia­nismo, pueden ser utilizadas a su gusto por los adherentes para jus­tificar la paz o la guerra»[6]. Fukuyama incluso va más lejos: «Existe una cierta esperanza de que emerja una tendencia más liberal del Islam... los musulmanes interesados en una forma más liberal del Islam deben dejar de culpar a Occidente por pintar al Islam de un modo dema­siado grosero, y actuar para aislar y deslegitimar a los extremistas entre ellos»[7]. Está claro que el problema no es el Islam, sino un Islam resistente y, para ser más específico, el problema es sólo la parte "resistente", ya que cualquiera otra fórmula de Islam es aceptable.

 

(VII) El otro lado de la moneda del engaño: el Diálogo entre religiones

La división basada en la religión es una división engañosa. Un árabe musulmán es como un árabe cristiano: o forma parte de la capa que está conectada con el imperialismo y sus intere­ses, o es parte de la población explotada y oprimida. La religión no tiene nada que ver en este caso, o sólo una relevancia causal. Por ello, la noción de un diá­logo entre las confesiones es tan engañosa como la del choque de civi­lizaciones. Dos puntos lo prueban:

- Primero, un diálogo entre las confesiones postula la disputa como el punto de partida normal –¡De otro modo no habría un diálogo para co­menzar!– Así po­siciona de partida a las personas como antagónicas.

- Segundo, diagnostica las actuales luchas como si se basaran en la religión y, por tanto, como conflictos que pueden ser solucionados o di­luidos mediante un diálogo de religiones, dejando de lado por com­pleto la base objetiva (hege­monía, explotación, ocupación, etc.).

El problema principal no es de un musulmán, cristiano, judío, o no cre­yente. El problema es que hay una opresión y explo­tación que deben ser enfren­tados. En este contexto, un judío que llama a eliminar la entidad sionista "Israel" es un aliado, mientras que un musulmán que es­tablece relaciones con esta última, es un enemigo.

El diálogo entre las confesiones es otro intento de distraer la atención lejos de las prin­cipales contradicciones con el imperialismo y sus ver­daderos objetivos.

 

(VIII) Conclusión: mantener siempre una visión clara

El objetivo del imperialismo es depredar, dominar, y explotar. Para cum­plir esos objetivos, quiere aplastar toda resistencia, no importa cuál sea su forma y el contenido ideológico de esa resistencia.

La retórica sobre un «choque de civilizaciones» apareció después de la caída de la Unión So­vié­tica y del bloque socialista porque EE.UU. ne­cesitaba actuar para llenar las brechas creadas por la ausencia de una segunda potencia global. Este movimiento adoptó tres formas: in­terior (leyes restrictivas y represivas que apuntaban a las libertades y los beneficios sociales); hacia el Este (ex­pansión a Europa Central y Orien­tal y a las repúblicas ex-soviéticas); y hacia el Sur (región árabe y Asia Central). Fue esta última la que mostró una resistencia más en­car­nizada debido a las raíces históricas de la lucha.

La lucha contra el imperialismo es una lucha multidimensional de clases. Los sub­ter­fu­gios religiosos son instrumentos para ganar tiempo (diálogo entre las confesiones) o instru­mentos para fortalecer el pro­yecto imperialista y debilitar a sus oponentes (choque de civiliza­cio­nes).

 

FUENTES

1 Francis Fukuyama, "Their Target: The Modern World," Newsweek, diciembre de 2001-febrero de 2002 (Special Davos Edition), p. 60.

2 Este artículo fue escrito en primavera, antes de la revueltas de otoño de 2008 

3 El ataque de Georgia a Osetia del Sur en agosto de 2008, y la rapidisima y efectiva reacción rusa, ha provocado que la hasta entonces potencia eliminada "despertara" y recobrara un papel protagonista

4 Samuel Huntington, "The Age of Muslim Wars," Newsweek, diciembre de 2001-febrero de 2002 (Special Davos Edition), pp. 6-13.

5 Vea el título en la portada del artículo de Fukuyama en Newsweek, mencionado anteriormente.

6 Ibíd, página 9.

7 Ibíd, pagina 63.

 

Hisham Bustani es un escritor y activista marxista basado en Amman, Jordania. Es Secretario del Foro de Pensamiento Socialista y miembro fundador de la Alianza Popular Árabe Resistente. Agradecemos Bill Templer por haber tenido la gentileza de editar este artículo. [El original en inglés]

http://mrzine.monthlyreview.org/bustani290508.html

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